Lunes 7 diciembre 2009 1 07 /12 /2009 12:35

Estoy molesto..., cierto segmento del mundo editorial de este mundo me tiene por un vanidoso..., y tan es así que..., aún antes de tratarnos lo más mínimo..., suponen que estoy dispuesto a pagar por mi vanidad.

No es conocerme poco..., es no conocerme nada..., si me conociesen algo sabrían que por mi vanidad no he pagado nada en mi vida..., más..., por mi vanidad..., cobro.

Y es que se suele tener un concepto de la vanidad un tanto popular..., y así se entiende que se pueda suponer que alguien pague por su vanidad..., y se comprende menos que cobre.

Si se habla de vanidad..., se debe poner uno en la misma y en su estadio mayor..., y así..., tratarla en su justo precio..., precio que se ha de derivar por lo que uno ha pagado ya o cobrado..., que..., traducido a mi caso..., se resume: aún paso por impagable.



Mi vanidad la llevo editando personalmente y desde que recuerdo..., y es..., medida en volumen y calidad de obra..., cómo decirlo..., un título más de los que soy y entre mil... Y esto es algo que la hace difícil destacar sobre cualquier otra cualidad o defecto que en mí se pueda dar. Y es que a todos les doy de comer por igual.

Deberían agentes y editores hacerse un favor..., leer con atención..., pues si se trata de palabra..., nadie de ellas sabe más que el autor.

Y así me muestro para que no quepa la más mínima duda..., como imagen y como texto..., y a la par... Y miren que la fotografía que envío se puede ampliar..., y ampliar..., y ampliar hasta tener de ella en el cerebro un concepto aproximado de mí..., pero parece ser que ni aún así.

Es un avatar..., un ejercicio de uno y durante años y años y años..., una avatar de un avatar de un avatar de un avatar..., que sólo como verdadero avatar se puede entender.

Escritores y Artistas del Reino Unido no me lo han aprobado como imagen de perfil..., y prueba esto que me precisan con urgencia..., aún no han alcanzado el grado de la escritura y arte como avatar.

De Gonzalo.


Apéndice:

Para overblog.

1-. Mi fondo es gris cuando tendría que ser negro.
2-. El módulo de la derecha..., o cualquier otro..., si no se usa..., debería poderse hacer desaparecer..., queda de un pésimo gusto cuando se presenta sin contenido.

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Viernes 27 noviembre 2009 5 27 /11 /2009 12:18
Perspectiva:



Este es el volumen de mi obra visto en perspectiva hasta "Diario-s de Autor"... Habría que sumar..., hoy..., cinco volúmenes más:



..., más el volumen que compondrían los artículos que estoy publicando en la Red...

Exposición Universal
Naturaleza
OtoñO

No se pueden ver aún en perspectiva porque no tuve tiempo de pasarlos a papel..., pero así..., uno sobre otro..., podrían ya rozarme el pecho.

De Gonzalo.

Apéndice.

OverBlog me informa en este instante..., son las doce y veintiséis de la mañana en horario París/Madrid..., que podría no estar conectado a la Red..., joder con Orange..., me está pasando de una a otra velocidad continuamente..., y me tiene..., hasta las pestañas... Se traduce así: me obliga a dejar este artículo
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Viernes 28 agosto 2009 5 28 /08 /2009 14:37

De Gonzalo.
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Lunes 27 julio 2009 1 27 /07 /2009 13:02
Registro de Autor.

Gonzalo Conde Escuredo..., como obra..., y en el 2003:




28-10-2003

 

Me acaban de llamar del Registro..., esperan la copia de las nuevas tasas pagadas por mí... Aprovecharé para incluir un Índice de Obras y Materias..., para que todo quede claro..., transparente..., e incuestionable.

A mí el Estado Palestino me sale por medio pulmón..., mi ciudad..., por otro medio...

¿Saben por qué me empeño en estos Registros?

Por dos cosas.

 

1-. Por la ciudad que me vio nacer.

2-. Saber..., espero que así sea..., que mi obra queda custodiada.., y por tanto pueda despreocuparme de su extravío, pérdida o sustracción.

 

Dicho lo dicho..., vayamos al Índice.

 

ÍNDICE de mi OBRA (Curso o Círculo) para el Registro de la Propiedad Intelectual de mi ciudad..., OURENSE.

 

1-. DÍA Y NOCHE (Aurienses). 311 páginas en letra times new roman 14. Fechas: del 9-2-1994 al 1-6-1994. Novela.


2-. EL CRIADOR (Creador/ Criatura). 1.085 páginas en letra times new roman 14. Fechas: del 1-4-1994 al 31-7-1995. Ensayo sobre la creación literaria.


3-. LENGUAS (Ensayo sobre una muy posible Antología). 507 páginas en letra times new roman 12. Fechas: del 22-8-1995 al 2-1-1996. Antología personal y temporal.


4-. LA NATURALEZA (HUMANA) DE LAS COSAS (Curso Sobre-Natural). 259 páginas en letra times new roman 14. Fechas: 26-11-1996 al 14-3-1996.  Ensayo.


5-. EL ESPACIO DE LA BESTIA TRIUNFANTE (Fotosíntesis). 258 páginas en letra times new roman 14.Fechas: del 14-3-1996 al 26-7-1996.  Ensayo.


6-. TENTACIÓN (Divertimento sobre el pecado). 270 páginas en letra times new roman 14. Fechas: del 29-7-1996 al 31-12-1996.  Novela.


7-. SUMMA UNO (Más que Diarios). 430 páginas en letra times  new roman 14. Fechas: del 17-10-1996 al 1-9-1999. Ensayo sobre Mundo.


8-. AMÉRIKKA

                         8.1-. ROCES (Tiempo Muerto). 473 páginas.

                                                   (del 13-1-1997 al 23-5-1997)


                         8.2-. POSESIÓN (Matando Tiempo) 253 páginas.

                                                            (del 24-5-1997 al 3-8-1997)


                          8.3-. DESCOMPOSICIÓN (Clima). 246 páginas.

                                                          (del 1-9-1997 al 27-11-1997)


                          8.4-. FLOR O RESURRECCIÓN.


                                                 8.4.1-. INVIERNO. 57 páginas.

                                                       (del 8-1-1998 al 18-3-1998)


                                                 8.4.2-. PRIMAVERA. 240 páginas.

                                                         (del 22-3-1998 al 20-6-1998)


                                                 8.4.3-. VERANO (Azar). 214 páginas.

                                                              (del 22-6-1998 al 21-9-1998)


                                                 8.4.4-. OTOÑO (Nenúfar/Necesidad). 177 páginas.

                                                                    (del 22-9-1998 al 22-12-1998)

 

Todas en letra times new roman 14. Ciclo de Novela. Excepto OTOÑO que es Guión.

 

9-. RECUERDO (Poema). 191 páginas en letra times new roman 14. Fechas: del 4-2-1999 al 11-6-1999. Poema.


10-. PLACER (Uno de Cuatro). 289 páginas en letra times new roman 14. Fechas: del 18-6-1998 al 15-2-2000. Novela.


11-. SUMMA DOS (Más que Diarios). 283 páginas en letra times new roman  14. Fechas: del 1-9-1999 al 25-4-2000. Ensayo sobre Mundo.


Hasta aquí mi primer registro y números OR-581 a OR-591. Son 5.543 páginas.

 

12-. OLVIDO (Poema). 196 páginas en letra times new roman 14. Fechas: del 25-3-2000 al 31-8-2000. Poema.


13-. OCTUBRE UNO (Novela Ejemplar). 345 páginas en letra times new roman
                                                14. Fechas: del 11-10-2000 al 20-6-2001. Novela.


14-. SUMMA TRI (Más que Diarios). 345 páginas en letra times new roman 14. Fechas: del 26-4-2000 al 6-11-2001. Ensayo sobre Mundo.


15-. SUMMA QUATTUOR (Más que Diarios). 135 páginas en letra times new roman 14. Fechas: del 14-11-2001 al 24-7-2002. Ensayo sobre Mundo.


16-. Del TEDIO (Dicho y Hecho). 134 páginas en letra times new roman 14. Fechas: del 4-3-2002 al 30-7-2002. Ensayo espacio/temporal.


17-. DIARIO-S de AUTOR (Impresión). 361 páginas en letra times new roman    14. Fechas: del 23-9-2002 al 29-7-2003. Diario de Impresiones.

 

Son 1.482 nuevas páginas... 7.025 en total.


Estos son los seis nuevos títulos (ingresos) de este Curso o Círculo.


De Gonzalo...

 

 

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Miércoles 22 julio 2009 3 22 /07 /2009 21:28
Lenguas: exposición veintiocho.

Gonzalo Conde Escuredo.

Nota a día de hoy: van..., y como apéndice..., las entradas cortadas por distintos motivos..., y así..., "Lenguas UnO"...,
se presenta completo.

El Apéndice consta de: Lord Dunsany, Vladimir Nabokov, Henri Bergson, Walter Benjamin, Ponge y Andersen.

 

3-9-95

 

Domingo.

 

"El cuerpo infeliz.

 

-¿Por qué no bailas y te solazas con nosotros?-, le dijeron a cierto cuerpo. Y el cuerpo confesó su tribulación. Dijo: -Estoy unido a un alma feroz y violenta que es sobremanera tiránica y no me deja reposo, y me arrastra fuera de las danzas de los míos para hacerme trabajar en su detestable obra, y no me deja hacer las cosas menudas que complacerían a la gente que amo, sino que sólo cuida de agradar a la posteridad cuando haya concluido conmigo entregándome a los gusanos; y entre tanto, hace absurdas demandas de afecto a los que están cerca de mí, y es demasiado orgullosa para apreciarlo cuando se le da menos de lo que pide, así que aquellos que serían bondadosos para mí me odian-. Y el cuerpo infeliz rompió a llorar.

Y le dijeron: -Ningún cuerpo sensible se cuida de su alma. Un alma es poca cosa y no ha de gobernar a un cuerpo. Tú debes beber

y fumar hasta que deje de afligirte-. Pero el cuerpo no hacía más

que llorar y decir: -La mía es un alma espantosa. La he arrojado fuera de mí un rato con la bebida. Mas pronto volverá. ¡Ay, pronto volverá!-

Y el cuerpo fuese a acostar anhelando reposo, porque estaba adormilado por la bebida. Mas cuando el sueño se le acercaba, levantó los ojos, y allí estaba su alma sentada en el alféizar de la ventana, como nebulosa llama de luz, mirando a la calle.

-Ven-, dijo aquel alma tirana, -y mira la calle-.

-Necesito dormir-, dijo el cuerpo.

-Pero la calle es una buena cosa-, dijo el alma con vehemencia. -Cien personas están soñando en ella-.

-Estoy enfermo por falta de descanso-, dijo el cuerpo.

-No importa-, dijo el alma. -Hay millones como tú en la tierra, y millones y millones que vendrán. Los sueños de la gente vagan a campo traviesa; cruzan mares y montañas de maravilla, guiándose por sus almas en los intrincados pasos; vienen a los templos de oro que resuenan con miles de campanas; suben empinadas calles que alumbran farolillos de papel, donde las puertas son verdes y pequeñas; conocen el camino de las cámaras de los hechiceros y de los castillos encantados; saben el hechizo que los trae a las calzadas a través de las montañas de campos de juventud, y al otro se extienden las radiantes planicies del futuro. Levántate y escribe lo que sueña la gente-.

-¿Qué recompensa hay para mí-, preguntó el cuerpo, -si escribo lo que me pides?-

-No hay recompensa ninguna-, dijo el alma.

-Entonces voy a dormir-, dijo el cuerpo.

Y el alma empezó a susurrar una perezosa canción que cantara un joven en una tierra fabulosa al pasar una ciudad de oro (que guardaban fieros centinelas), y sabía que su mujer estaba en ella, aunque no era todavía más que una niña, y sabía por las profecías que feroces guerras aún no empeñadas en lejanas e ignoradas montañas habrían de rodar sobre él con su polvo y su sed antes de volver de nuevo a aquella ciudad. El joven cantaba al pasar por la puerta, y estaba muerto con su mujer hacía cien años.

-No puedo dormir con esa canción abominable-, gritó el cuerpo al alma.

-Entonces haz lo que se te manda-, replicó el alma. Y cansado el cuerpo, tomó otra vez la pluma. Entonces habló el alma alegremente en tanto que miraba por la ventana.

-Allí hay una montaña que se alza escarpada sobre Londres, en parte de cristal y en parte de niebla. A ella van los soñadores cuando se ha apagado el ruido del tráfico. Al principio apenas pueden soñar a causa del estruendo; pero antes de media noche se para, gira y se va a marea menguante con todos sus naufragios. Entonces, los soñadores se levantan y escalan la montaña fulgurante, y en su cumbre encuentran los galeones del ensueño. De allí navegan unos rumbo a Oriente, otros a Occidente, unos por el Pasado y otros por el Futuro, porque los galeones navegan sobre los años como sobre los espacios; pero casi todos ponen proa al pasado y a las viejas dársenas, porque allá van los suspiros de los hombres y los navíos navegan a su favor, como los mercaderes bajan costeando el África empujados por los perennes vientos alisios. Todavía veo a los galeones levar ancla tras ancla; las estrellas fulguran entre ellos; los navíos deslízanse fuera de la noche; sus proas van resplandecientes hacia el crepúsculo del recuerdo, y la noche pronto queda lejos, una negra nube que cuelga baja, y débilmente salpicada de estrellas, como el puerto y la ribera de una tierra baja vista a lo lejos con las luces del puerto-

Uno tras otro, el alma, sentada junto a la ventana, relató los sueños. Contó de tropicales selvas vistas por desdichados hombres que no pueden salir de Londres, ni nunca podrán; selvas que hacían de súbito maravilloso el canto de una ave de paso que cruza volando hacia desconocidos lugares y cantando un canto desconocido. Vio a los viejos bailando ligeramente al son de los pífanos de los elfos hermosas danzas con vírgenes quiméricas, toda la noche, sobre montañas imaginarias, a la luz de la luna; oía a lo lejos la música de rutilantes primaveras; vio la hermosura de las yemas del manzano caídas acaso hacía treinta años; oyó viejas voces, viejas lágrimas tornaban brillando; la Leyenda sentábase encapotada y coronada sobre las lomas del sur, y el alma la conoció.

Uno a uno contó los sueños de todos los que dormían en aquella calle. A veces deteníase para denostar al cuerpo porque trabajaba mal y perezosamente. Sus ateridos dedos escribían tan veloces como podían, pero el alma no reparaba en ello. Y así transcurrió la noche, hasta que oyó el alma tintinear por el cielo de Oriente las pisadas de la mañana.

-Mira ahora-, dijo el alma, -la alborada que temen los soñadores. Comienzan a palidecer las velas luminosas de los galeones insumergibles; los marineros que los gobiernan tornan al mito y la fábula; la marea del tráfico vuelve ahora a subir, y va escondiendo sus pálidos naufragios, y viene por oleadas con su tumulto a la pleamar. Ya los destellos del sol flamean en los golfos tras el Oriente del mundo; los dioses lo han visto desde el palacio crepuscular que han levantado sobre el amanecer; calientan las manos a su llama cuando fluye por sus arcos resplandecientes antes de tocar el mundo; allí están todos los dioses que han sido y todos los dioses que serán; siéntanse allí a la mañana, cantando y alabando al Hombre-

-Estoy entumecido y helado por falta de sueño-, dijo el cuerpo.

-Tendrás siglos para dormir-, repuso el alma, -pero no puedes dormir ahora, porque he visto hondas praderas con flores de púrpura llameando altas y extrañas sobre el brillante césped; rebaños de puros y blancos unicornios que retozan alegres, y un río que corre con un reluciente galeón en él, todo de oro, que va de una tierra desconocida a una ignorada isla del mar, para llevar una canción de un hijo del Rey de las Cumbres a la Reina de la Lontananza.

-Yo te cantaré este canto, y tú has de escribirlo-

-He trabajado años y años para ti-, dijo el cuerpo. -Dame ahora siquiera una noche de descanso, porque estoy fatigado-

-¡Oh, vete y descansa! Estoy harta de ti. Me voy-, dijo el alma.

Elevóse y partió no sabemos adónde. Pero al cuerpo lo colocaron en la tierra, y a la media noche siguiente los espectros de los muertos vinieron desde sus tumbas para felicitar al cuerpo.

-Aquí eres libre, ya lo sabes-, dijeron a su nuevo compañero.

-Ya puedo descansar-, dijo el cuerpo."


(Lord Dunsany, "Cuentos de un soñador")

 

7-9-95

 

Mitología.

 

"Hace algunos años, el doctor Fricke nos hizo una pregunta a Lloyd y a mí que intentaré contestar ahora. Con una soñadora sonrisa de deleite científico golpeó la carnosa banda cartilaginosa que nos unía -omphalopagus diaphragmo-xiphodidymus, como Pancoast ha chocado con un caso similar, y se preguntó si podíamos rememorar la primera vez que uno de nosotros, o ambos, nos dimos cuenta de la peculiaridad de nuestra condición y destino. Todo lo que Loyd podía recordar era la forma en que nuestro abuelo Ibrahim (o Ahim, o Ahem, ¡tediosos restos de sonidos muertos al oído de hoy!) tocó lo que el doctor estaba tocando y lo llamó un puente de oro. No dije nada.

Nuestra infancia transcurrió encima de una fértil colina sobre el Mar Negro en la granja de nuestro abuelo cerca de Karaz. Su hija más joven, rosa del este, perla gris de Ahem (si fue así, el viejo canalla debería haber tenido más cuidado de ella), había sido violada a la orilla de una huerta por nuestro anónimo progenitor y había muerto al poco de darnos a luz -de puro horror y pena, supongo-. Una serie de rumores mencionaba a un buhonero húngaro; otra favorecía a un coleccionista de pájaros alemán o algún miembro de su expedición -su taxidermista, lo más seguro-. Oscuras tías de pesados collares, cuyos voluminosos vestidos olían a aceite de rosas y cordero, atendieron con vampírico deleite las necesidades de nuestra monstruosa infancia.


Bien pronto los caseríos vecinos se enteraron  de la asombrosa noticia y empezaron a delegar a nuestra granja varios extraños inquisidores. En los días de fiesta podías verlos pateando las laderas de nuestra colina, como los peregrinos de las láminas muy coloristas. Había un pastor de siete pies de altura, y un hombrecillo calvo con gafas, y soldados, y las sombras alargadas de los cipreses. Los niños también venían en toda ocasión, y eran echados fuera por nuestras celosas institutrices; pero casi a diario un muchachito de ojos negros, pelo rapado, con pantalones azul descolorido de remiendos oscuros, se las arreglaba para arrastrarse como un gusano por el sanguiñuelo, la madreselva, los retorcidos árboles de Judas, al patio de guijarros con su vieja fuente reumática donde los pequeños Lloyd y Floyd (teníamos otros nombres entonces, llenos de aspirados corvinos, pero no importa) se sentaban tranquilamente masticando albaricoques secos bajo una tapia blanqueada. Entonces, de repente, la hache veía un ojo, el dos romano, un uno; las tijeras, un cuchillo.

No puede haber, claro, comparación entre este impacto de saber, por perturbador que haya sido, y el choque emocional que mi madre recibió (a propósito, ¡qué limpio arrobamiento hay en este uso deliberado del posesivo singular!). Ella debía ser consciente de que estaba pariendo gemelos; pero cuando se enteró, como sin duda fue así, que los gemelos estaban ligados, ¿qué experimentó entonces? Con la clase de licenciosas, ignorantes y apasionadamente comunicativas gentes que nos rodeaba, la enormemente vocinglera casa justo fuera de los límites de la cama en que se hallaba postrada, debían, seguramente, haberle dicho inmediatamente que algo había ido terriblemente mal, y uno puede estar seguro de que su hermana, en el frenesí de su miedo y compasión, le enseñó el niño doble. No digo que una madre no pueda amar semejante engendro, y olvidar en este amor los oscuros rocíos de su origen profano; sólo pienso que la mezcla de repulsión, piedad y amor de madre fue demasiado para ella. Ambos componentes de la doble serie ante sus fijos ojos eran sanos, hermosos componentes pequeños, con una sedosa pelusa rubia en sus cráneos violetas rosáceos, y bien formados brazos y piernas como de caucho que se movían como los muchos miembros de un fantástico animal marino. Cada uno era eminentemente normal, pero juntos formaban un monstruo. En verdad, es extraño pensar que la presencia de una mera tira de tejido, una banda de carne no mucho más larga que el hígado de un cordero, transformara alegría, orgullo, adoración, ternura, gratitud a Dios en horror y desesperación.


En nuestro propio caso todo era mucho más simple. Los adultos eran demasiado diferentes de nosotros en todos los aspectos para deparar cualquier analogía, pero nuestro primer visitante coevo fue para mí una leve revelación. Mientras Lloyd contemplaba plácidamente al horrorizado niño de siete u ocho que nos escudriñaba desde debajo de una encorvada e igualmente escudriñadora higuera, recuerdo haber apreciado totalmente la diferencia esencial entre el recién llegado y yo. El proyectaba una corta sombra azul en el suelo, y yo, también; pero en adición a esa bosquejada e inestable compañía que él y yo debíamos al sol y que desaparecía en tiempo nublado, yo poseía todavía otra sombra, un reflejo palpable de mi yo corporal, que siempre tenía a mi lado, a mi lado izquierdo, mientras que mi visitante se las había compuesto de alguna manera para perder el suyo, o lo había desenganchado o dejado en casa. El fusionado Lloyd y Floyd era completo y normal; él ninguna de las dos cosas.

Pero quizás, a fin de dilucidar estas cuestiones tan a fondo como se merecen, debería decir algo de reminiscencias aún anteriores. A menos que las emociones adultas desdoren las pasadas, pienso que puedo responder de la memoria de un ligero disgusto. En virtud de nuestra anterior duplicidad, estábamos originalmente dispuestos frente a frente, unidos por nuestro ombligo común, y mi cara en estos primeros años de nuestra existencia era constantemente rozada por la dura nariz y húmedos labios de mi hermano gemelo. Una tendencia a echar nuestras cabezas hacia atrás y apartar nuestras caras lo más posible era una reacción natural a esos molestos contactos. La gran flexibilidad de nuestra banda de unión nos permitía asumir recíprocamente una postura más o menos lateral, y cuando aprendimos a andar nos tambaleábamos en esta postura de lado a lado, que debía parecer más tirante de lo que realmente era, haciéndonos parecer, supongo, como un par de enanos borrachos soportando el uno al otro. Durante mucho tiempo volvíamos mientras dormíamos a nuestra posición fetal; pero cuandoquiera que la incomodidad que generaba nos despertaba, retirábamos de nuevo nuestras caras, en evidente repulsión, con un doble lamento.

Insisto en que a los tres o cuatro años nuestros cuerpos tenían una oscura aversión a sus desmañadas conjunciones, mientras que nuestras mentes no cuestionaban su normalidad. Luego, antes de que fuéramos mentalmente conscientes de sus inconvenientes, la intuición física descubrió caminos para atemperarlos, y a partir de ahí no le dimos ninguna importancia. Todos nuestros movimientos llegaron a ser un juicioso compromiso entre el común y el particular. La pauta de actos motivados por esta o aquella necesidad mutua formaba una especie de transfondo gris, imparcialmente entrelazado, generalizado, contra el que el impulso discreto, el suyo o el mío, seguía un curso más brillante y agudo; pero (guiado como si fuere la urdimbre de la pauta del transfondo) nunca tuvo lugar en contra del lazo común o el capricho del otro gemelo.

Hablo de momento solamente de nuestra infancia, cuando la naturaleza no podía todavía permitirse el tener soterrada nuestra vitalidad duramente ganada por cualquier conflicto entre nosotros. Años más tarde tuve ocasión de arrepentirme de que no pereciéramos o de que nos hubieran separado quirúrgicamente, antes de que abandonáramos ese estado inicial al que un ritmo siempre presente, como una especie de tam-tam remoto sonando en la selva de nuestro sistema nervioso, era el único responsable de la regulación de nuestros movimientos. Cuando, por ejemplo, uno de nosotros iba a agacharse para posesionarse de una bonita margarita y el otro, justamente al mismo tiempo, estaba a punto de estirarse para arrancar un higo maduro, el éxito individual dependía de aquel cuyo movimiento conformara la corriente pulsación de nuestro común y continuo ritmo, sobre el cual, como un temblor similar, muy breve, el gesto interrumpido de un gemelo se deglutía y disolvía en el rizo enloquecido de la acción completada del otro. Digo, "enriquecido" porque el fantasma de las flores no arrancadas parecía estar ahí de alguna manera, pulsando entre los dedos que se cerraban sobre el fruto.

Hubo de existir un período de semanas e incluso de meses en que la zona dirigente estaba mucho más frecuentemente en el lado de Lloyd que el mío, y después seguiría un período donde yo estaría en la cima de la ola; pero no puedo recordar ninguna época en nuestra infancia cuando la frustración o el éxito en estas cuestiones provocara en cualquiera de nosotros resentimiento u orgullo.

En alguna parte dentro de mí, sin embargo, debía haber alguna célula sensitiva preguntándose por el curioso hecho de una fuerza que me arrastraba del objeto de un deseo casual y me empujaba a otras cosas no codiciadas que eran forzadas en la esfera de mi voluntad en vez de ser conseguidas conscientemente y envueltas por sus tentáculos. Así, cuando miraba a este o aquel niño casual que estaba mirando a Lloyd y a mí, recuerdo haber reflexionado acerca de un problema duplicado: primero, si quizás, el estado de un solo cuerpo tenía más ventajas que el que nosotros poseíamos; y segundo, si todos los niños eran únicos. Se me ocurre ahora que bastante frecuentemente los problemas que me asaltaban eran duplicados; posiblemente un hilo de la cerebración de Lloyd penetraba en mi mente y uno de los dos problemas ligados era suyo.

Cuando el avaricioso abuelo Ahem decidió mostrarnos a los visitantes por dinero, entre las multitudes que venían siempre había un algún pícaro ansioso que quería oírnos hablar el uno al otro. Como ocurre con mentes primitivas, exigía que sus oídos corroborasen lo que sus ojos veían. Nuestros parientes nos instigaban para gratificar tales deseos y no podían entender qué había de penoso sobre ellos. Podíamos haber alegado timidez; pero la verdad era que realmente nunca nos hablábamos, ni siquiera cuando estábamos a solas, porque los breves gruñidos, los raros altercados que intercambiábamos a veces (cuando, por ejemplo, uno se acababa de cortar en el pie y lo tenía vendado y el otro quería ir a chapotear al riachuelo) apenas podían pasar por diálogo. La comunicación de simples sensaciones esenciales las realizábamos sin palabras: hojas desprendidas surcando la corriente de nuestra sangre compartida. Finos pensamientos también se las arreglaban para deslizarse y viajar entre nosotros. Los más profundos se los guardaba cada uno para sí mismo, pero incluso entonces ocurrían curiosos fenómenos. Es por lo que sospecho que a pesar de su naturaleza más tranquila, Lloyd luchaba con las mismas nuevas realidades que me instigaban. El olvidó mucho cuando creció. Yo no he olvidado nada.

No solamente esperaba nuestro público que habláramos; también quería que jugáramos juntos. ¡Bobos! Sentían mucho placer en ver cómo competíamos a las damas o a muzla. Supongo que si hubiéramos sido gemelos del sexo opuesto nos hubieran hecho cometer incesto en su presencia. Pero ya que los juegos mutuos no eran más habituales en nosotros que la conversación, sufríamos sutiles tormentos cuando nos obligaban a llevar a cabo apretados movimientos de pasar una pelota en alguna parte entre nuestros esternones o hacer creer que nos disputábamos un palo, Recibíamos locos aplausos por correr por el patio con nuestros brazos alrededor de los hombros del otro. Podíamos saltar y dar vueltas.

Un vendedor de remedios patentados, un calvo hombrecillo con una sucia camisa blanca rusa, que sabía algo de turco e inglés, nos enseñó frases en estos idiomas y entonces teníamos que demostrar nuestra habilidad a un fascinado auditorio. Sus ardientes rostros todavía me persiguen en mis pesadillas, pues vienen cuandoquiera que mi productor de sueño necesita  de estímulos. Veo de nuevo el gigantesco pastor broncíneo en multicolores andrajos, los soldados de Karaz, el sastre armenio jorobado y tuerto (un monstruo en su propio estilo), las chicas que se reían falsamente, las viejas mujeres que suspiraban, los niños, los jóvenes en ropas occidentales: ojos ardientes, dientes blancos, negras bocas abiertas; y por supuesto, el abuelo Ahem, con su nariz de marfil amarillo y su barba de lana gris, dirigiendo la colecta o contando los manchados billetes mojando su enorme pulgar. El lingüista, el de la camiseta bordada y cabeza calva, cortejaba a una de mis tías, pero no dejaba de mirar a Ahem envidiosamente a través de sus gafas con borde de acero.

A los nueve años, sabía muy claramente que Lloyd y yo resultábamos el más extraño aborto de la naturaleza. Este conocimiento no provocó en mí ni especial júbilo ni especial vergüenza; pero una vez una cocinera histérica, una mujer bigotuda que nos había tomado mucho cariño y nos compadecía por nuestra condición, declaró con un atroz juramento que allí mismo nos liberaría con la ayuda de un lustroso cuchillo que blandió de repente (fue en seguida reducida por nuestro abuelo y uno de mis recientes adquiridos tíos); y después de ese incidente me holgaba a veces con un sueño diurno, imaginándome a mí mismo separado del pobre Lloyd, que de alguna forma retenía su monstruosidad.

No me preocupaba el asunto del cuchillo, y de todas maneras el modo de separación permaneció muy vago; pero imaginé claramente la súbita fusión de mis ataduras y el sentimiento de ligereza y desnudez que implicaba. Me vi a mí mismo saltando por una valla   -una con cráneos blanqueados de animales de granja que coronaban sus estacas- y descendiendo hacia la playa. Me vi brincando de pedrusco en pedrusco y buceando en el mar titilante, y bregando de vuelta a la orilla y escapando con otros niños desnudos. Soñaba con esto por la noche: me veía huyendo de mi abuelo y llevándome conmigo un juguete, o un gatito, o un pequeño cangrejo apretado a mi lado izquierdo. Me veía encontrándome al pobre Lloyd, que se me aparecía en el sueño impedido, unido desesperadamente a un impedido gemelo mientras yo estaba libre para danzar alrededor de ellos y darles cachetes en sus postradas espaldas.

Me pregunto si Lloyd tenía visiones similares. Los médicos habían sugerido que algunas veces nuestras mentes se combinaban cuando soñábamos. Una mañana gris azulada cogió una ramita y dibujó un barco con tres mástiles en el polvo. Yo me había visto dibujando ese barco en el polvo en un sueño que había la noche precedente.

Un amplio manto negro de pastor cubría nuestros hombros, y al agacharnos al suelo, todo menos nuestras cabezas y la mano de Lloyd quedaba escondido entre sus pliegues caídos. El sol acababa de salir y el cortante aire de marzo era como capa sobre capa de hielo semitransparente por el que los retorcidos árboles de Judas en áspera floración, hacían borrosas manchas de rosa purpúreo. La casa blanca alargada y baja detrás de nosotros, llena de mujeres gordas y sus pestilentes maridos, dormía profundamente. No dijimos nada; ni siquiera nos miramos, pero lanzando lejos su ramita, Lloyd puso su brazo derecho alrededor de mi hombro, como hacía siempre que deseaba que ambos camináramos de prisa; y con el borde de nuestro traje común rastreando entre hierbajos muertos, mientras los guijarros corrían bajo nuestros pies, nos dirigíamos hacia el caminillo de cipreses que conducían a la playa.

Era nuestro primer intento de visitar el mar que podíamos divisar desde lo alto de nuestra colina resplandeciente a lo lejos y pausada, silenciosamente se rompía en las rocas satinadas. No necesito esforzar mi memoria en este punto para situar nuestra lucha de tropezones en un giro de nuestro destino. Pocas semanas antes, en nuestro doceavo cumpleaños, el abuelo Ibrahim había empezado a juguetear con la idea de enviarnos en la compañía de nuestro tío más reciente en un viaje de seis meses por el país. Debatieron sobre los términos y se habían peleado e incluso luchado, Ahem consiguió la victoria.

Teníamos a nuestro abuelo y al horrible tío Novus. Probablemente, de un modo desdichado y triste (sin saber nada de la vida, pero oscuramente conscientes de que tío Novus pretendía engañar al abuelo) sentimos que debíamos intentar hacer algo para evitar que un empresario de circo nos hiciera rodar en una prisión ambulante, como monos o águilas; o quizás fuimos incitados simplemente por la idea de que era nuestra última oportunidad de disfrutar por nosotros mismos nuestra pequeña libertad y hacer lo que lo que teníamos absolutamente prohibido hacer: ir más allá de una cerca de estacas, abrir una verja.

No tuvimos problema en abrir aquella verja desvencijada, pero no conseguimos volverla a su primitiva posición. Un cordero de un blanco sucio, con ojos ambarinos y una marca de carmín pintada sobre su dura frente plana, nos siguió durante un rato antes de perderse en el chaparral de encinas. Un poco más abajo, pero todavía lejos del valle, tuvimos que cruzar la carretera que circundaba la colina y conectaba nuestra granja con el camino que bordeaba la playa. Un sonido de cascos y un raspar de ruedas descendió sobre nosotros; y nos dejamos caer, manto y todo, detrás de un arbusto. Cuando el rumor desapareció, cruzamos la carretera y seguimos por una ladera enmalezada. El mar plateado se escondía gradualmente detrás de los cipreses y restos de viejas murallas de piedra. Nuestro manto negro empezaba a hacerse caliente y pesado, pero así y todo perseveramos bajo su protección, pues temíamos que de otra manera algún transeúnte podría notar nuestra dolencia.

Emergimos al camino, a pocos pasos del mar audible, y allí, esperándonos bajo un ciprés, estaba un carruaje que conocíamos, una especie de carromato sobre ruedas altas, con el tío Novus bajando con presteza del interior. ¡Hombrecillo ladino, oscuro, ambicioso, sin principios! Pocos minutos antes, nos había visto desde una de las galerías de la casa de nuestro abuelo y no había podido resistir la tentación de aprovecharse de una escapada que le permitía milagrosamente apresarnos sin lucha ni gritos. Maldiciendo a los dos caballos temerosos, nos ayudó bruscamente a subir al carromato. Empujó nuestras cabezas hacia abajo y nos amenazó con hacernos daño si intentábamos fisgar desde debajo de nuestro manto. El brazo de Lloyd estaba todavía alrededor de mi hombro, pero una sacudida del carromato lo separó de mí. Ahora las ruedas chirriaban y rodaban. Pasó un buen rato antes de que nos diéramos cuenta de que nuestro conductor no nos estaba llevando a casa. 

Han pasado veinte años desde aquella mañana gris de primavera, pero la conservo mucho mejor en mi mente que muchos acontecimientos posteriores. Una y otra vez la hago desfilar ante mis ojos como una película filmada tal como he visto hacer a los grandes malabaristas cuando repasan sus actos. Así yo repaso todas las escenas y circunstancias y detalles incidentales de nuestro vuelo abortivo: el temblor inicial, la verja, el cordero, la ladera resbaladiza bajo nuestros torpes pies. A los tordos que espantamos debimos haber ofrecido una extraordinaria visión, con ese manto negro cubriéndonos y nuestras dos cabezas mochas sobre finos cuellos despegándose de él. Las cabezas giraban de un lado para otro, cautelosamente, pues por fin habíamos llegado al camino que bordeaba la playa. Si en ese momento algún extraño aventurero hubiera saltado a la playa desde su barca en la bahía, hubiera experimentado seguramente un estremecimiento de antiguo hechizo al encontrarse con un manso monstruo mitológico en un paisaje de cipreses y piedras blancas. Lo habría adorado, habría vertido lágrimas dulces.

Pero, ay, no había nadie para recibirnos salvo aquel pícaro ansioso, nuestro nervioso secuestrador, un hombre con cara de muñeca que llevaba gafas baratas, uno de cuyos cristales estaba reparado con un trozo de cinta.

Itaca, 1950 "


(Vladimir Nabokov, "Escenas de la vida de un monstruo doble". La traductora es Isabel Herranz)

  

30-8-95

 

Querer I

 

"Una de las ideas más importantes y profundas de la "Crítica a la Razón pura es ésta: si la metafísica es posible, lo es por una visión, y no por una dialéctica. La dialéctica nos conduce a filosofías opuestas; demuestra tan bien la tesis como la antítesis de las antinomias. Sólo una intuición superior (que Kant denomina una intuición "intelectual"), es decir, una "percepción" de la realidad metafísica permitirá a la metafísica construirse. El resultado más claro de la "Crítica" kantiana es mostrar, de este modo, que no se podía penetrar en el más allá sino por una visión, y que en este terreno una doctrina sólo vale por lo que contiene de percepción; tomad esta percepción, analizadla, recomponedla, volvedla y revolvedla en todos los sentidos, hacedla sufrir las más sutiles operaciones de la más alta química intelectual, jamás sabréis de vuestro crisol lo que hayáis metido; cuanto de visión hayáis introducido, tanto encontraréis; y el razonamiento no os habrá  hecho adelantar un paso "más allá" de lo que primero habíais percibido. He ahí lo que Kant ha sacado a plena luz; y ahí radica, en mi opinión, el mayor servicio que ha hecho a la filosofía especulativa. Ha establecido definitivamente que si la metafísica es posible, sólo puede serlo por un esfuerzo de intuición. Sólo que, tras haber probado que la intuición sería la única capaz de darnos una metafísica, añade: esta intuición es imposible.


¿Por qué la considera imposible? Precisamente porque Kant se representa una visión de este género -quiero decir, una visión de la realidad "en sí"-, como se la había representado Plotino, como se la han representado por regla general quienes han apelado a la intuición metafísica. Todos han entendido por esto una facultad de conocer que se distinguiría radicalmente de la conciencia tanto como de los sentidos, que estaría orientada incluso en dirección inversa. Todos han creído que separarse  de la vida práctica era volverle la espalda.

¿Por qué lo han creído? ¿Por qué Kant, su adversario, ha compartido su error? ¿Por qué todos han juzgado de igual modo, obligados a sacar conclusiones opuestas, unos construyendo en seguida una metafísica, éste declarando imposible la metafísica?

Lo han creído porque se han imaginado que nuestros sentidos y nuestra conciencia, tal cual funcionan en la vida cotidiana, nos hacen captar directamente el movimiento. Han creído que mediante nuestros sentidos y nuestra conciencia, trabajando como trabajan de ordinario, percibíamos realmente el cambio en las cosas y el cambio en nosotros. Entonces como resulta indiscutible que siguiendo los datos habituales de nuestros sentidos y de nuestra consciencia, desembocamos, en el orden especulativo, en contradicciones insolubles, han deducido de ellos que la contradicción era inherente al cambio mismo y que para sustraerse a esta contradicción  había que salir de la esfera del cambio y elevarse por encima del Tiempo. Tal es el fondo del pensamiento de los metafísicos, como también lo es el de aquellos que, con Kant, niegan la posibilidad de la metafísica.

 En efecto, la metafísica ha nacido de los argumentos de Zenón de Elea sobre el cambio y el movimiento. Fue Zenón quien, atrayendo la atención sobre lo absurdo de lo que se denomina movimiento y cambio, llevó a los filósofos -y a Platón el primero- a buscar la realidad coherente y verdadera en lo que no cambia. Por esto Kant creyó que nuestros sentidos y nuestra conciencia se ejercen efectivamente en un Tiempo verdadero, el decir, en un Tiempo que cambia sin cesar, en una duración que dura; y porque, por otro lado, se daba cuenta de la relatividad de los datos usuales de nuestros sentidos y de nuestra conciencia (detenida por lo demás por él antes del término trascendente de su esfuerzo) juzgó la metafísica imposible sin más visión que la de los sentidos y la de la conciencia -visión de la que no encontraba por lo demás ninguna huella en el hombre.

Pero si pudiéramos establecer que lo que fue considerado como movimiento y cambio por Zenón en primer lugar y luego por los metafísicos en general, no es ni cambio ni movimiento, que del cambio sólo han retenido lo que no cambia y del movimiento lo que no se mueve, que han tomado por percepción inmediata y completa del movimiento y del cambio una cristalización de esta percepción, una solidificación con vistas a la práctica; y si pudiésemos demostrar, por otro lado, que lo que ha sido tomado por Kant por el tiempo mismo es un tiempo que no transcurre ni cambia ni dura; entonces, para sustraer a las contradicciones  como las que Zenón ha señalado y para separar nuestro conocimiento cotidiano de la relatividad que, según Kant, lo golpeaba, no habría que salir del tiempo (¡nosotros ya hemos salido!), no habría que separarse del cambio (¡nosotros ya estamos demasiado separados!); habría, por el contrario, que volver a percibir el cambio y la duración en su movilidad original. Entonces no sólo veríamos caer una a una a muchas dificultades y desvanecerse más de un problema; mediante la extensión y la revivificación de nuestra facultad de percibir, quizá también (aunque ahora no se trata de elevarse a tales alturas), mediante un prolongamiento, que darán a la intuición las almas privilegiadas, restableceríamos la continuidad en el conjunto de nuestros conocimientos -continuidad que ya no sería hipotética y construida, sino experimentada y vivida."

(Henri Bergson. "Crítica de la crítica", en "Pensamiento y Movimiento"; texto escogido por Gilles Deleuze en "Memoria y vida")

 

Querer II

 

"En nosotros, nuestra conciencia es la conciencia de un cierto ser vivo, ubicado en un cierto punto del espacio; y aunque va en la misma dirección que su principio, es sin cesar atraída hacia el sentido inverso, obligada, aunque marche hacia delante, a mirar hacia atrás. Esta visión retrospectiva es, como ya hemos demostrado, la función natural de la inteligencia y por consiguiente de la conciencia misma. Para que nuestra conciencia coincida con alguna cosa de su principio, sería preciso que se separase del "todo hecho" para unirse a lo que "está haciéndose". Sería preciso que, volviéndose y girando sobre sí misma, la facultad de "ver" formara una sola con el acto de "querer". Esfuerzo doloroso, que podemos acometer bruscamente violentando a la naturaleza, pero que no podemos sostener más allá de unos instantes. En la acción libre, cuando contraemos todo nuestro ser para lanzarlo hacia adelante, tenemos la conciencia más o menos clara de los motivos y móviles e incluso, en rigor, del devenir por el que se organizan en acto; pero el puro querer, la corriente que atraviesa esa materia comunicándole la vida, es algo que a duras penas sentimos, que todo lo más rozamos de pasada. Tratemos de instalarnos en ella, aunque no sea más que por un momento; incluso entonces será un querer individual, fragmentario lo que captamos. Para llegar al principio de toda vida, lo mismo que al de toda materialidad, habrá que ir más lejos aún. ¿Es imposible? No, desde luego, la historia de la filosofía está ahí para testimoniarlo. No hay sistema duradero que no esté, por lo menos en algunas de sus partes, vivificado por la intuición. Es necesaria la dialéctica para poner a prueba la intuición, necesaria también para que la intuición se refracte en conceptos y se propague a otros hombres; pero la mayoría de las veces no hace más que desarrollar el resultado de esta intuición que la supera. A decir verdad, los dos caminos son de sentido contrario; el esfuerzo mismo por el que se ligan las ideas a las ideas, hace desvanecerse la intuición que las ideas se proponían almacenar. El filósofo está obligado a abandonar la intuición una vez que ha recibido el impulso, y a fiarse sólo de sí mismo para continuar el movimiento, impulsando ahora los conceptos unos tras otros. Pero muy pronto siente que ha perdido pie; necesita un nuevo contacto; tendrá que deshacer la mayor parte  de lo que había hecho. En resumen, la dialéctica es lo que asegura el acuerdo de nuestro pensamiento consigo mismo. Pero por medio de la dialéctica -que no es más que una relajación de la intuición- se pueden conseguir muchos acuerdos diferentes, y, sin embargo, no hay más que una verdad. La intuición, si pudiese prolongarse más allá de uno instantes, no sólo aseguraría el acuerdo del filósofo con su propio pensamiento, sino incluso el de todos los filósofos entre sí. Tal cual existe, fugaz e incompleta, es, en cada sistema, lo que vale más que el sistema, lo que le sobrevive. Se alcanzaría el objeto de la filosofía si esta intuición pudiera sostenerse, generalizarse, y, sobre todo, asegurarse puntos de orientación exteriores para no perderse. Para esto es necesario un continuo vaivén entre la naturaleza y el espíritu."


(Henri Bergson. "La filosofía como esfuerzo", en "La evolución creadora"; texto escogido por Gilles Deleuze en "Memoria y vida")


(Nota de entonces: Quisiera dar "La filosofía como percepción" y "La filosofía como empirismo" (ambos se encuentran en "Pensamiento y movimiento"), para desembocar en "Empirismo y misticismo" (en "Las dos fuentes de la moral y la religión"). Demasiado texto seguido para una lengua..., no me queda sino recomendar lo indicado y añadir que estos artículo irían también bajo el epígrafe de "querer". No quiere decir que lo demás no tenga también su interés, pero no es éste)

 

 24-8-95

 

Goethe: "... nuestras versiones, incluso las mejores, parten de un principio falso, pues quieren convertir en alemán lo griego, indio o inglés en vez de dar forma griega, india o inglesa en alemán. Tienen un mayor respeto por los usos de la propia lengua que por el espíritu de la obra extranjera... El error fundamental del traductor es que se aferra al estado fortuito de su lengua, en vez de permitir que la extranjera lo sacuda con violencia"

(Benjamin da esta cita en "La tarea del traductor", yo, la recojo de Fernández Gijón)

 

Cursos

ininterrumpidos.

 

"A la restitutio in integrum de orden espiritual, que introduce a la inmortalidad, corresponde otra de orden mundano que lleva a la eternidad de una decadencia, y el ritmo de esa mundaneidad que es eternamente fugaz, que es fugaz en su totalidad, que lo es en su totalidad tanto espacial como temporal, el ritmo de la naturaleza mesiánica, es la felicidad. Por que la naturaleza es mesiánica por su eterna y total fugacidad. Aspirar a ésta, incluso en esos grados del hombre que son naturaleza, es el cometido de la política mundial cuyo método debe llamarse nihilismo"

"Sólo el Mesías mismo consuma todo suceder histórico, y en el sentido precisamente de crear, redimir, consumar su relación para con lo mesiánico"


(Fragmento político-teológico, traducción de Jesús Aguirre)

Walter Benjamin desde el final.


Normalmente cito lo que quiero, las citas anteriores son una excepción, puede que confundan el principio y el fin de Walter. ¿Se modificó?


La lengua:

B. "Seguro que los adivinos, que le preguntaban al tiempo lo que ocultaba en su regazo, no experimentaron que fuese homogéneo y vacío. Quien tenga esto presente, quizás llegue a comprender cómo se experimentaba el tiempo pasado en la conmemoración: a saber, conmemorándolo"

A. "El historicismo se contenta con establecer un nexo causal de diversos momentos históricos. Pero ningún hecho es ya histórico por ser causa"

18. "El tiempo-ahora, que como modelo de lo mesiánico resume en una abreviatura enorme la historia de toda la humanidad, coincide capilarmente con la figura que dicha historia compone en el universo"

17. (historiografía materialista- principio constructivo) "El alcance de su procedimiento consiste en que la obra de una vida está conservada y suspendida "en" la obra, "en" la obra de una vida la época y "en" la época el decurso completo de la historia"

16. "El materialismo histórico no puede renunciar al concepto de un presente que no es transición, sino que ha llegado a detenerse en el tiempo"

15. "La consciencia de estar haciendo saltar el continuum de la historia es peculiar de las clases revolucionarias en el momento de su acción"

14. "La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no está constituido por el tiempo homogéneo y vacío, sino por un tiempo pleno, el tiempo-ahora"

13. "La representación de un progreso del género humano en la historia es inseparable de la representación de la prosecución de ésta a lo largo de un tiempo homogéneo y vacío"

12. "La clase desaprendió en esta escuela (socialdemocracia) tanto el odio como la voluntad de sacrificio. Puesto que ambos se alimentan de la imagen de los antecesores esclavizados y no del ideal de los descendientes liberados"


11. "Del concepto corrompido de trabajo forma parte como su complemento la naturaleza que, según se expresa Dietzgen, -está ahí gratis-"

"El trabajo, tal y como ahora se le entiende, desemboca en la explotación de la naturaleza que, con satisfacción ingenua, se opone a la explotación del proletariado"

"Este concepto marxista vulgarizado de lo que es el trabajo no se pregunta con la calma necesaria por el efecto que su propio producto hace a los trabajadores en tanto no puedan disponer de él"

"El conformismo, que desde el principio ha estado como en su casa en la socialdemocracia, no se apega sólo a su táctica política, sino además a sus concepciones económicas"

10. "La reflexión parte de que la testaruda fe de estos políticos en el progreso, la confianza que tienen en su -base en las masas- y finalmente su servil inserción en un aparato incontrolable son tres lados de la misma cosa. Además procura darnos una idea de lo cara que le resultará a nuestro habitual pensamiento una representación de la historia que evite toda complicidad con aquella a la que los susodichos políticos siguen aferrándose"

9. (Ángel) "Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso"

"Y éste deberá ser el aspecto del ángel de la historia"

"Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus"     

8. "La tradición de los oprimidos nos enseña que la regla es el -estado de excepción- en que vivimos. Hemos de llegar a un concepto de la historia que le corresponda"

7. "Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea a la vez de barbarie"

"Como suele ser costumbre, en el cortejo triunfal llevan consigo el botín. Se le designa como bienes de cultura"

"Los respectivos dominadores son los herederos de todos los que han vencido una vez"

6. "...:-tampoco los muertos- estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer"


"Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo

-tal y como verdaderamente ha sido-. Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro"

5. "(La buena nueva, que el historiador, anhelante, aporta al pasado viene de una boca que quizás en el mismo instante de abrirse hable al vacío)"

4. "Igual que flores que tornan al sol su corola, así se empeña lo que ha sido, por virtud de un secreto heliotropismo, en volverse hacia -el- sol que se levanta en el cielo de la historia. El materialismo histórico tiene que entender de esta modificación, la más imperceptible de todas"

3. "... sólo a la humanidad redimida le cabe por completo en suerte su pasado...: sólo para la humanidad redimida se ha hecho su pasado citable en cada uno de sus momentos"

2. 1. 0. "Tesis de filosofía de la historia", Walter Benjamin, 1940.

 

25-8-95

 

Variación.

 

"Variante

Cepillería alpina -rodeada de espejos-

Fronda de pelos verdes con los mangos morados...

Sobre el tapiz en suelo elástico y bermejo

De horquillas oloríferas

Sacudidos allí por negligentes cimas

En la penumbra cálida toda de sol manchada

Seca pronto la ninfa al salir de la bañera

O lacustre o marina a un lado humeante

Bajo esas cintas tendidas de tejido sin sueño"

(25-26 de Agosto de 1940, Francis Ponge, "Cuaderno del bosque de pinos")

Los mismos días de hace cincuenta y cinco años.


"Todo esto no es nada serio


4 de septiembre de 1940

En el pino hay una abolición de sus expansiones sucesivas (en el pino de los bosques sobre todo) que corrige afortunadamente, que anula la habitual maldición de los vegetales: tener que vivir eternamente con el peso de todos sus gestos de la infancia. -A este árbol, más que a otros, le es permitido separarse de sus desarrollos antiguos. Tiene licencia de olvido. Cierto es que los desarrollos siguientes se parecen mucho a los antiguos, caducos. Pero que aquí no quede. El gozo es abolir y recomenzar. Además, esto ocurre siempre más arriba. Parece que algo se haya ganado"

Es posible que aún queden dudas.

"Todo esto no es nada serio


9 de Septiembre de 1940

rectificó

La unión {

modificó estos seres que,

solos, se hubieran hermosamente retorcido de desesperación o tedio (o éxtasis), que hubieran soportado todo el peso de sus gestos, lo que finalmente hubiera conformado bellísimas estatuas de héroes dolorosos. Pero su unión los ha liberado de la maldición vegetal. Tienen facultada de abolir sus expresiones primeras, licencia de olvido.

(Sujeción de las partes al todo. Sí, pero cuando cada parte es un ser, un individuo: árbol, animal [hombre], o palabra, o frase o capítulo - ¡entonces se vuelve dramático!)

Su unión también los protege del viento, del frío.

Solos, hubieran sido todo o nada, o tal vez sucesivamente uno después del otro: desarrollo perfecto hasta cierto punto - o atrofia, incapacidad de crecer a causa de los elementos adversos.

En sociedad el desarrollo se normaliza; además crea otra cosa: el "bosque".

Algunos pudieron pensar que la solución óptima sería criar a los jóvenes pinos en almácigas, y luego -sin por ello sacrificar ninguno- transplantarlos de lugar en lugar para que cada cual consiga entonces su plena ocasión de desarrollo.

No obstante, convendría haberlos conservado en unión el tiempo suficiente como para que hayan adquirido ya la fuerza y la rectitud del tronco.

Mientras que al aire libre las ramas del pino se respetan mutuamente, se mantienen aisladas, no se enredan viciosamente (he aquí algo muy curioso, notorio), ¿sucede igual en la tierra de sus raíces? ¿Sería posible disociar un bosque por la base sin amputar peligrosamente cada individuo? ¿Quién sabe? ¿Quién quiere responderme? Esto es necesario para proseguir mi investigación..."

 

*

 

"Un bosque de 40 años se llama oquedal sobre arbusto.

Un bosque de 40 a 60 años se llama medio oquedal.

Un bosque de 60 a 120 años se llama joven oquedal alto.

Un bosque de 120 a 200 años se llama oquedal alto.

Un bosque de más de 200 años se llama oquedal alto en regresión.

Así pues, todo este pequeño opúsculo no es sino (apenas) un "oquedal sobre arbusto".

 

FIN DEL BOSQUE DE PINOS

A PARTIR DE AQUÍ SE- SALE AL CAMPO


(sigue siendo Ponge, sabe y sale de su "Cuaderno del bosque de pinos")

 

Correspondencia

 

DE G. A. AL AUTOR

"Marsella, 7 de Marzo de 1941


...: he entregado al "Jour" un artículo sobre el "oficio de poeta" que hará rechinar los dientes de los inspirados. Te lo enviaré... Y he preparado otro sobre la inspiración en cueros.

... tu bosque de pinos, Inútil -sí, útil- decirte que lo encontré apasionante...

Lo que tú has hecho, antes y durante, paso a paso, palabra a palabra, en el "Bosque de pinos" (un poco a la manera del "Journal des Faux Monnayerurs" respecto de la novela), lo hice yo, después, retrospectivamente, en la "Ballade du Dee-Why (que está en "Antée") -al estilo de los comentarios de Dante a los sonetos de la "Vita Nova", o de Poe en "El Cuervo", etc...

Creo que aquí hay dos tentativas emparentadas;... Si pudiéramos convencer a alguna revista para que las reuniera en una especie de número especial que podría llamarse por ejemplo, "Nacimiento del Poema",...

¿Qué te parece?"


DEL AUTOR A M. P.

"Roanne, 16 de marzo de 1941

... Sin duda tengo el espíritu perturbado por la primavera: la propuesta que he recibido de G. A. acerca del "Bosque de pinos" ha logrado casi enloquecerme. Te envío su carta...

¡No! G. A. no ha comprendido (evidentemente) que se trata, en el rincón de este bosque, mucho menos del nacimiento de un poema que de una "tentativa" (que dista mucho de exitosa) de "asesinato de un poema por su objeto".

¿Puedo prestarme a tal contrasentido? Honestamente, no lo creo.

F. P."


DEL AUTOR A G. A.

"Roane, 16 de marzo de 1941

Leí tu artículo en "Jour" (así llamado por antifrase). Te sigo hasta el momento en que se vuelve (en mi opinión un poco vagamente) positivo.

Primero: personalmente..., no creo relacionarme con tu crítica pues "no me considero poeta".


Segundo: ... sostengo que cada escritor "digno de ese nombre" debe escribir en "contra" de todo lo escrito hasta él..., incluso en contra de todas las normas existentes...

Por supuesto, y esto lo has captado bien, estoy tercamente imbuido de técnica. Pero soy partidario de una técnica por poeta, en incluso, en última instancia, de una técnica por "poema" -que determinaría su objeto.

 

*

 

Otra cosa, a propósito de tu serie de artículos...: me parece que proponer en la actualidad lo que llamaría "medidas de orden" en poesía es hacer el juego a quienes proclaman: primero: "Hasta el presente hubo desorden", y segundo: "Nosotros somos quienes impondremos el orden": lo cual representa la impostura fundamental de nuestro tiempo...

Sentado esto, harás por el "Bosque de pinos" exactamente lo que mejor te parezca. Captas ahora que, en mi espíritu, de "ningún modo" se trata del nacimiento de un poema, sino más bien de un esfuerzo en contra de la "poesía". Y... en favor del espíritu que puede recibir con esto alguna lección, y aprehender algún secreto moral y lógico (según la "característica" universal, si quieres).

F. P."

(El traductor, Enrique Carrión, nos apunta que el "Bosque de pinos" quedó inédito)


DEL AUTOR A G. A.

"Roanne, 22 de julio de 1945

... Pues ¿qué entiendes tú por "oficio poético"? En lo que a mí se refiere, estoy siempre más convencido de que mi oficio es más científico que poético....

... En virtud de esto me reclamo combatiente en las filas del partido de las luces,... Se trata, una vez más, de coger el fruto prohibido, aunque desagrade a las potencias de la sombra, a Dios el innoble en especial.

Mucho que decir sobre ese oscurantismo que nos amenaza, de Kierkegaard a Bergson y a Rosenberg...

Por algo será que la burguesía en su LUCHA en contra del siglo XX nos preconiza el retorno a la Edad Media.

-Bueno...

Fielmente tuyo. 

F. P."

Lo más que puedo decir de estas misivas, y en honor a Ponge, es que son ilustrativas.

 

26-8-95

 

Un cuento para mi hija.

 

"LA GOTA DE AGUA

Seguramente sabes que es un cristal de aumento: una lente circular que hace las cosas cien veces mayores de lo que son. Cuando se coge y se coloca delante de los ojos, y se contempla a su través una gota de agua de la balsa de allá afuera, se ven más de mil animales maravillosos que, de otro modo, pasan inadvertidos; y, sin embargo, están allí, no cabe duda. Diríase casi un plato lleno de cangrejos que saltan en revoltijo. Son muy voraces, se arrancan unos a otros brazos y patas, muslos y nalgas, y, no obstante, están alegres y satisfechos a su manera.

Pues he aquí que vivía en otro tiempo un anciano a quien todos llamaban Crible-Crable, pues tal era su nombre. Quería siempre hacerse con lo mejor de todas las cosas, y si no se lo daban, se lo tomaba por arte de magia. Así, peligraba cuanto estaba a su alcance.

El viejo estaba sentado un día con un cristal de aumento ante los ojos, examinando una gota de agua que había extraído de un charco del foso. ¡Dios mío, qué hormiguero! Un sinfín de animalitos yendo de un lado para otro, y venga saltar y brincar, venga zamarrearse y devorarse mutuamente.

-¡Qué asco!- exclamó el viejo Crible-Crable-. ¿No habrá modo de obligarlos a vivir en paz y quietud, y de hacer que cada uno se cuide de sus cosas?

Y piensa que te piensa pero, como no encontraba solución, tuvo que acudir a la brujería.

-Hay que darles color, para poder verlos mejor -dijo, y les vertió encima una gota de un líquido parecido a vino tinto, pero que en realidad era sangre de hechicera de la mejor clase, de la de a seis peniques. Y todos los animalitos quedaron teñidos de rosa; parecía una ciudad llena de salvajes desnudos.

-¿Qué tienes ahí?- le preguntó otro viejo brujo que no tenía nombre y esto era precisamente lo bueno de él.

-Sí adivinas qué es -respondió Crible-Crable-, te lo regalo; pero no es tan fácil de acertarlo, si no se sabe.

El brujo innominado miró por la lupa y vio efectivamente una cosa comparable a una ciudad donde la gente corría desnuda. Era horrible, pero más horrible era aún ver cómo todos se empujaban y golpeaban, mordían y desgreñaban. El que estaba arriba quería irse abajo, y viceversa.

-¡Fíjate, fíjate!, su pta es más larga que la mía. ¡Paf! ¡Fuera con ella!

-Ahí va uno que tiene un chichón detrás de la oreja, un chichoncito insignificante, pero le duele, y todavía le va a doler más.

Y se echaban sobre él, y lo agarraban, y acababan comiéndoselo por culpa del chichón. Otro permanecía quieto, pacífico, como una dondecilla; sólo pedía tranquilidad y paz. Pero la dondecilla no pudo quedarse en su rincón: tuvo que salir, la agarraron y, en un momento, estuvo descuartizada y devorada.

-¡Es muy divertido! -dijo el brujo.

-Sí, pero, ¿qué crees que es? -preguntó Crible-Crable-. ¿Eres capaz de adivinarlo?

-Toma, pues muy fácil -respondió el otro-. Es Copenhague o cualquiera otra gran ciudad, todas son iguales. Es una gran ciudad, la que sea.

-¡Es agua del charco!- contestó Crible-Crable".

("Es la pura verdad", Hans Christian Andersen. Traducción de Payarols)


Nota a día de hoy: "Lenguas UnO" Termina con un cuento que entonces regalé a mi hija..., no podía acabar mejor.

De Gonzalo. 

 

 

Por Gonzalo Conde Escuredo - Publicado en: Arte, Literatura, Gonzalo Conde Escuredo - Comunidad: http://gonzalocondeescuredo.sp
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